El sol asoma entre los edificios, y Kin, un gato guatón, se estira en el tejado de su casa. Los primeros rayos iluminan su pelaje mientras observa a los humanos apresurarse hacia el metro. Las palomas revolotean, y él acecha, con la cola moviéndose suavemente. "Hoy será un buen día", piensa, antes de saltar a un balcón cercano en busca de desayuno.
El calor del mediodía hace que Kin quiera dormir una siesta. Se refugia en la ventana de su casa donde es más fresquito, y lo ve Yamin, la dueña del negocio de al frente quien le regala un pedazo de jamón. "Toma, guatón", le dice con cariño. Satisfecho, se lava la cara con su pata y vuelve a entrar a la casa, donde se encuentra con Zuki, su hermana, que lo ataca por haberse comido sus pellets.
Son los últimos rayos de sol, y Kin desde la ventana del baño busca a su amada, una gata que vive en la casa de al lado y que siempre lo mira con curiosidad. Hoy ella no está, pero Kin no pierde la esperanza. Se distrae al escuchar la puerta; sabe que llegó Juan y que le dará de comer, ya que son las 6 de la tarde.
Después de un largo día es la hora de dormir, abre la puerta de Juan como si fuera su propia pieza y se acuesta junto a su hermana Zuki.